viernes, 15 de mayo de 2009

DESTINO: LOS RODEOS

Espero que despeguemos en breve: ya llevamos quince minutos de retraso. Es una pena que el AVE no llegue a todas partes, en particular a las islas mágicas a las que me dirijo, poseedoras de un volcán que me atrae irremediablemente. Estoy histérica y preocupada por no poder controlar este nerviosismo de adolescente. En realidad, debería estar contenta, ya que a mis cincuenta años, ese estado anímico es lo único que me queda de aquel tiempo lejano... ¡Qué putada! Hace cuarenta y cinco minutos que, obligatoriamente, apagué el móvil y ni siquiera puedo entretenerme leyendo sus últimos mensajes.
El muy cabronazo sabe bien como desconcertarme: a veces intenta transmitirme, a través de sus textos, una sensibilidad capaz de enternecer el corazón más frío. Otras, sus frases obscenas, yo las llamaría pornografía literaria, me ponen a mil por hora. De llegar el AVE hasta las islas, sería capaz de ahorrar, aunque por ello tuviese que privarme de otros caprichos, para la compra impulsiva de billetes que me mantuvieran en ese estado de locura que explosiona como la lava del volcán que encuentro entre sus brazos.
¡Por fin hemos despegado! ¡Ya era hora! Imeldo debe estar impaciente por verme llegar al aeropuerto con mi maleta de fin de semana y mis ganas contenidas de amarle. Eso es lo que tiene no ser la legítima, aunque en honor a la verdad, a su santa le tengo un aprecio especial. Parece que la estoy viendo en aquella cena en la que coincidimos los tres... ella tan recatada, tan poquita cosa y sin intuir siquiera lo que nos traemos entre manos su marido y yo. Aquella noche no pude conciliar el sueño. Cerraba los ojos y sentía cómo la mano de Imeldo me subía la falda y acariciaba mis piernas por debajo de la mesa, mientras la sonrisa de ella, sentada enfrente de mí, me transmitía aprecio sincero. Lo cierto es que lo pasé tan mal, que esa misma noche, cuando él me llamó por teléfono para decirme que había hecho el amor con su mujer pensando en mí, decidí acabar con aquella historia que me hacía al mismo tiempo odiarle y amarle.
¡Quiero dejarle para siempre! En cuanto le vea, él lo notará porque mi saludo va a ser frío y distante. Guardaré en un lugar preferente de mi corazón los recuerdos de nuestra primera cita... incluso, quizá vuelva algún día a la habitación 305 del hotel Ritz para recordar, en solitario, la pasión que en aquel lugar viví junto a él.
La azafata acaba de indicarnos la necesidad de llevar los cinturones de seguridad abrochados ante el inminente aterrizaje.
¡Decidido! No habrá más encuentros de pasión entre Imeldo y yo. Estoy equivocando mi vida y debo cambiarla urgentemente. Éste es un viaje definitivo para asegurarme que esta relación no tiene futuro, aunque, la verdad, no sé si alguna vez tuvo presente. Es imposible que esto funcione... antes o después terminaría la relación y hoy he decidido poner fin a este capítulo de mi vida.
¡Qué horror! Ahora tres horas para recoger mi minúsculo equipaje. No debería haberlo facturado, a fin de cuentas, esta pequeña maleta coge en cualquier parte.
¡Ahí está!... ¡Dios mío! Hoy le veo más guapo que nunca, con esa barba tan arregladita, ese pelo negro brillante y esa mirada misteriosa que parece querer desnudarme... No debo flaquear en la estrategia que llevo preparando desde hace tiempo... Que no se piense ése que me tiene comiendo en su mano como si fuera una tierna paloma. Lo tengo todo planeado: voy a dejarle con la miel en los labios. Iremos a comer y después nos instalaremos en ese hotel tan romántico donde me lleva habitualmente. Allí le besaré, le acariciaré e incluso le diré que, en cuestión de amores, él es lo mejor que me ha pasado. Sin embargo, eso será todo. Le dejaré con ganas de sexo y así me recordará siempre. Después nos despediremos con un adiós emotivo y firme.
¿Qué haces Imeldo?
Te deseo más que nunca. Ven mi amor, quiero que nos olvidemos del mundo y nos amemos hasta quedarnos sin fuerzas.
Espera... quiero decirte algo importante.
Lo que tú quieras mi amor... Pídeme la luna y la tendrás. ¿Qué quieres decirme?
Imeldo... abrázame fuerte y dime que me quieres.

Mila Aumente

6 comentarios:

  1. Amiga Mila:
    Está bien hilvanado pero es una novelita rosa más.
    Te recuerdo una frase de Don José Ortega y Gasset
    Sin simiente de tragedia la poesía es una copla de ciego o un ejercicio de retórica
    En el texto anterior trata de sustituir algún NADA, que repites mucho, por NI,
    TAMPOCO, etc.
    Adelante sigue trabajando Miguel
    Lo de anónimo lo utilizo por comodidad

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  2. Querido Miguel, gracias por tu comentario. Intentaré seguir tus sabios consejos, aunque te confieso que me encanta escribir novelas rosa,como defines la mayoría de mis relatos. Es posible que esa afición me la produzca este mundo de color gris oscuro, en el que algunos consumen y derrochan, a la vez que cierran los ojos ante la pobreza de esos otros humanos que ni siquiera tienen lo básico para poder seguir respirando. Por cierto:¡ODIO EL COLOR GRIS!
    Un abrazo. Mila Aumente

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  3. Mila: Yo he visto otra vertiente, muy lejana de la novela rosa...y es que la percepción, incluso entre personas inteligentes y cultas, no es siempre la misma. Yo he visto toda la ironía del mundo en tu relato. Y me ha encantado. Tiene frescura, gracia, sentido del humor...o, a lo mejor es que yo, como estas cosas del amor y las pasiones, me parecen todas una broma - una broma, como la vida misma - aunque con su importancia, pues como que, a lo peor entonces, veo cosas que no se ajustan a la realidad. Ya conoces la cita que abre mi último libro: "Golpeo la puerta de la realidad...y espero que no se abra nunca". Aunque se abre, ya lo sabemos, y nos da de bofetadas, aunque sean bofetadas metafóricas.
    Yo, desde luego, lo que quiero es enviarte un beso de ánimo porque detrás de tus palabras, veo una magnifica escritora, que va siempre a más. Y que tiene mucho talento. Y mucho dentro.


    Port

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  4. Emilio, muchas gracias por tener esas apreciaciones tan positivas sobre mí.Las personas vacías de contenido, quizá padezcan una de las mayores pobrezas.Sólo los inteligentes como tú pueden hacer "radiografías" tan exactas sobre alguien. En cuando a lo literario, considero que es positivo tener varias opiniones sobre lo escrito; eso hace que el autor se reafirme en su propio criterio. Todos los que escribimos podríamos hacerlo sobre un mismo tema; eso sí, unos con más y otros con menos calidad literaria. Pero todos dariamos un matiz diferente a lo creado.Y eso nos hace únicos.
    Un beso.

    Mila

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  5. Es una pena no poder volver a editar los comentarios (al menos, yo no sé hacerlo)para poder corregir algún error: En CUANDO a lo literario, se sobreentiende que debería ser: En cuanto...
    Mila

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  6. Estoy paseándome por los blog de todos los compañeros para conocerlos y que me conozcan. También las novelitas rosa tienen su encanto y no todos vamos a escribir metafísica. Un abrazo Carmen de Silva

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