lunes, 14 de septiembre de 2009

LA TELARAÑA

La cena fue perfecta: centollo, gambas, ostras... Todo regado con el mejor vino blanco, que entraba en nuestros cuerpos con la misma facilidad que el amor por las puertas de la adolescencia. La muy ignorante pensó que el marisco saboreado con inmenso placer, pronto surtiría efectos afrodisíacos en Vicente. Y que juntos recordarían activamente los revolcones de su noche de bodas, veinticinco años después. Llegaron a casa a las cinco de la mañana. Julia entró en el cuarto de baño, se desmaquilló y se dio una ducha ligera, por aquello de quitarse el sudor y el olor a tabaco de una noche de juerga. ¡Qué silencioso está éste! ¡No me hará la faena de quedarse dormido!, pensó.
Los ronquidos provenientes del dormitorio matrimonial evaporaron las dos gotas de Chanel nº 5 que había puesto en su cuello, para tener cierta similitud con Marilyn Monroe. Y el tanga de color rojo que su cuerpo lucía como único atuendo, le pareció una prenda desaprovechada ante semejante situación: Vicente roncaba tendido en la cama, vestido y con los zapatos puestos. Aquel paisaje tan desolador rompió las ilusiones de Julia, borrando su pasado feliz junto a él. Nerviosa, deambuló por los noventa metros cuadrados que llevaban compartiendo desde hacia un cuarto de siglo. Sus tres hijos estaban de “marcha”, por lo que disponía de tres camas libres para poder llorar su deseo y su rabia. Impaciente, con la mente enajenada, visitó las tres habitaciones, el salón y la cocina. Todo fue inútil: los ronquidos de Vicente llegaban hasta el extremo más alejado de su dormitorio.
¡Cerdo! ¿Cómo me puedes hacer esto?, pensó a la vez que una mezcla de angustia y mala leche la invitaron a cubrir su cuerpo semidesnudo con la bata guateada que conservaba desde hacia veinticinco años. Aquella antigüedad (me refiero a la bata), era la única verdad que le quedaba de aquel tiempo lejano.
Julia, en un arrebato de impotencia, abrió la puerta de salida, entró en el ascensor y bajó al cuarto trastero. Una telaraña colgando en aquel espacio de diez metros parecía moverse al advertir su presencia. Y ella, al ser consciente de su percepción, comenzó a hablar con la mirada dirigida al ángulo de tan deprimente estancia.
¡Ya no le pongo, estoy segura!.. No tengo que preocuparme. Su indiferencia sólo es la causa del cansancio y del estrés... Pobrecillo, trabaja demasiadas horas para que nosotros cuatro vivamos como marqueses. Además, cuando llega a casa siempre me encuentra con la bata puesta. Y tengo que reconocer , que ese detalle se la baja a cualquiera. ¡¡ Y una mierda!! El muy asqueroso no tiene justificación. En la discoteca he observado la lujuria con la que me miraban los tíos. ¡Ése no sabe lo que se está perdiendo; estoy buenísima! Un poco fondona, también es verdad. Sí, definitivamente es muy jodido acercarse a los cincuenta. Sin embargo, a mí, este tío no me come la moral. ¡Faltaría más!... Seguro que tiene alguna amante. A partir de mañana, cuando proyecte algún viaje de negocios, me fijaré detenidamente en el tipo de ropa interior que lleva en su equipaje. Él es muy coqueto y cuida con esmero esos detalles.
Yo también debería echarme un amante; a él este tanga que llevo puesto le pondría a mil por hora. No como a Vicente, que a buen seguro seguirá emitiendo esos ronquidos con sonido de búfalo, o de truenos en una casa desierta... ¡Cuántas cajas de zapatos hay aquí! Tengo que bajar cualquier día a ordenar este cuarto... Voy a mirar el móvil; seguro que Vicente me ha echado de menos y en cualquier momento llama o escribe. ¡Qué frío tengo y qué ridícula me siento!
Estoy entre cuatro paredes rodeada de trastos y juguetes de cuando nuestros hijos eran pequeños; ahí veo asomar la cabeza de la muñeca que regalamos a Susana el día de su séptimo cumpleaños. La niña, entusiasmada con su regalo, me dijo: Mamá cundo sea mayor quiero ser como tú y tener una hija igual que esta muñeca. Mañana le diré a Susana que no quiero que se parezca a mí en casi nada. Vamos, que sea todo lo puta que yo no he sido, más lo que le corresponda por la época que le ha tocado vivir. También le diré, que los tíos, incluyendo a su hermanos, son todos iguales: desleales e infieles. Resumiendo: auténticos gilipollas que nos rompen el corazón sin piedad ni posibilidad de arreglo. Y que sin embargo, gran parte del sector femenino no podemos prescindir de ellos... ¡¡Este cerdo ni llama ni escribe!! Tengo frío; ya son las ocho de la mañana; voy a subir a casa.
Lo que me imaginaba: Sigue roncando... ni siquiera ha advertido mi ausencia. ¡Cerdo, más que cerdo, te los voy a poner de todos los colores! Voy a intentar calmarme.
El miércoles por la noche veré en televisión mi serie favorita: El protagonista es un cincuentón que... ¡¡está buenísimo, y además me pone!! Total, Vicente pasa de mí y yo paso de todos los tíos que me voy encontrando por la vida. Sexualmente, ¿qué me queda?... Está clarísimo: montármelo con personajes de ficción... Al menos, ellos no podrán hacerme lo que hoy me ha hecho Vicente.

Mila Aumente

11 comentarios:

  1. Y es que los errores se pagan...aunque, como dice la canción de Coti...nada de esto fue un error. La eterna contradicción entre las convicciones y las sensaciones...A lo que podemos añadir, ilusiones y decepciones. Todo es plural. Por eso no se puede poner en un altar lo singular. Me ha gustado mucho el relato. Pura fantasía llena de auténticidad.
    Y, querida Mila, tiene razón la protagonista...¿por qué conformarse con la realidad, cuando, con un poco de imaginación, se puede saltar sobre ella?.
    Los anclajes son malos para los viajes. Habiendo un oceáno tan inmenso bajo las estrellas...Aunque los anclajes también sujetan el corazón. Y la propia vida. Siempre que no la detengan. Ya sabes, yo no estoy seguro de que tengamos más de una. Un beso.

    Port

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  2. Querido Emilio: No creo que a la protagonista la detengan los anclajes, si en ello le va la vida. Ella toma el camino de los sueños, porque en el momento que vive, es lo único que la hace feliz. Sin embargo, creo que tiene la suficiente pesonalidad como para tomar "la calle de enmedio" a la mínima sospecha de que tanta presión amenace con ahogarla. Confio en las protagonistas de mis cuentos; al fin y al cabo, todas, en mayor o menor escala, tienen algo de mí, ja, ja, ja
    Gracias por leer mis historias y demostrarme tu cariño.

    Besitos.

    Mila

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  3. Querida Mila: te debía esta visita desde hace tiempo, en justa correspondencia por todos tus generosos comentarios en mi Blog.

    ¿Sabes?, tu relato me sugiere algo que con frecuencia digo: cada cuel elige en donde quiere estar. Si lo piensas un poco, no es tan descabellado. Lo realmente dramático es llevar nuestra vida a un callejón sin salida. Y delegar responsabilidades me parece un burdo consuelo.

    Tanto da en amores, en trabajos, en cualquier actividad. Hagamos, con decisión, sin miedo, lo que realmente queremos hacer. Y, por favor, que ese "lo que queremos" nunca sea sentarnos a ver la televisión!!!.

    Un beso.

    Manuel

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  4. Estimada Mila.

    El escándalo de los demás ante lo que uno piensa, las palabras que dicen mal sonantes, y todo ese espacio de puritanismo, es sólo eso, un espacio más en el mundo que tenemos ante nuestros ojos.
    Cuando uno selecciona este tipo de argumentos sabe que está cerrando la puerta a ciertos lectores, lo mismos que si se utilizan otros, puritanismo edulcorado por ejemplo, se está cerrando la puerta para otros.

    Lo importante es atreverse a decir lo que uno tiene que decir, como autor. Y como lector, lo importante, es saber o aprender a respetar, aunque no se comparta, los puntos de vista de los otros.

    Bueno, que me ha gustado este relato tuyo, de insatisfacciones, de deseos, de ilusiones, de masturbaciones mentales, y todo eso. ¡Ah! y no me he sentido herido en ningún momento. No sé por qué.

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  5. Éste Vicente... no tiene perdón Pero Mila, dile a tu heroína que no todos los hombres son iguales. Cierto, una gran mayoría actúa así, pero no el cien por cien, generalizar no es bueno. La lívido, en una relación de pareja, es algo que, si no se cuida con esmero, se acaba deteriorando, pero pienso que ambos miembros tienen que poner su granito de arena. Supongo que ahora, después de no alinearme sin titubeos en el bando femenino, alguién pensará que soy un machista, pero nada más lejos.
    Un beso. Antonio

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  6. Querida Mila:

    Esas cosas pasan. Si no ponemos un poco de imaginación en nuestro entorno, con ánimo de lustrar, todo acabará siendo un desastre. Imagínate qué pasaría si no limpiamos detrás de los muebles o en las estanterías de nuestros libros. Con las cosas del amor ocurre lo mismo, si no le dedicamos el tiempo necesario aparecen telarañas, símbolo de debilidad y ruptura. Eso pasa con el amor, que se rompe, pero no por usarlo mucho, sino por todo lo contrario, por no usarlo.

    Has retratado con acierto y originalidad, lo que a nadie nos es ajeno.

    Besos.

    Alex

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  7. Manuel, Santiago, Antonio, Alejandro: Muchas gracias por vuestros comentarios cercanos

    Un fuerte abrazo para los cuatro.

    Mila

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  8. Hac'ia tiempo que quer'ia hacer un comentario a este relato, pero mi ordenador me juega malas pasadas. Vale de disculpas. Te has fijado que todos los comentarios a tu relato vienen de hombres, por qu'e ser'a. Yo como mujer el comentario es tal vez distinto solo se parece a los de ellos en que me parece magn'ifico, *perdona la carencia de acentos y de signos de puntuaci'on porque mi teclado me ha cambiado los signos, continuo. Que mujer, salvo esas pocas que han conseguido el amor perfecto, si exite no se ha encontrado no digo alguna vez, sino muchas veces con situaciones similares/ la protagonista de tu relato se refugio en el trastero y desde all'i contempl'o las telara;as que habian crecido en su relaci'on, pero al final regres'o al 'unico lugar que le tenia reservado el destino. Dicen que la duraci'on de un matrimonio es de quince a;os y ya es muy larga, la mayoria conviven con las telara;as, se envuelven en ellas y a veces hasta mueren asfixiadas, las razones> cobard'ia, necesidad y muchos ec etc, a pesar de todo son casi siempre las mujeres las que piden los divorcios. Tu protagonista pertenece al grupo de las cobardes y debe de tener mucho cuidado porque las telara;as no paran de crecer y cuando envuelven a su presa es casi imposible salirse de ella, entre otras razones porque ha perdido su autoestima. Este relato tuyo, repito, precioso y realista me hace recordar tantas cosas. Gracias Mila por la valentia de escribirlo y vuelvo a pedirte perd'on por los mil errores ortogr'aficos Un beso muy fuerte

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  9. Carmen, muchas gracias por tu comentario. Ojalá tengamos oportunidad de conocernos muy pronto, porque estoy segura de que tenemos muchas cosas de las que hablar. Creo que eres una magnífica escritora y una gran mujer.

    Besitos.

    Mila

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  10. Mila voy a hacerte caso voy a continuar con mis vivencias, pero ya sabes sin orden cronoñógico
    Nos coneceremos espero, el dia de la reunión. Yo tamien creo que congeniaremos muy bien Besitos

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  11. Querida Mila:
    Gracias por tu dedicatoria.
    Me ha gustado mucho tu relato. Eso sí, ya puestos a escribir, me hubiera gustado el pecado total. Es la parte morbosa que a muchos nos gusta. El pecado de pensamiento, lo tiene. El de palabra, también, aunque sea frente a una araña, el de omisión, menos porque intentó cumplir con sus compromisos matrimoniales. Pero el de obra se nos queda cojo. ¡Tendrías que haberle metido caña! Un encuentro casual en el ascensor, on en el rellano de la escalera con el vecino que sale a trabajar de madrugada, o con el conserje qeu ya está limpiando la escalera, etc,etc. Esa dormida del marido no tiene perdón de Dios. Seguro que eso también es pecado y de los gordos.
    Mila, gracias por tu relato, me ha gustado. Reconozco que el erotismo escrito es cosa de mujeres. Lo presentas muy bien. Ya sabes que nosotros somos mas burros, bárbaros e ignorantes. ¡Cuánto nos queda aún por aprender! Creo que seríamos más felices.
    Un besazo y perdona las ausencias.
    Javier

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