miércoles, 21 de octubre de 2009

DESDE EL OTRO LADO

Un cristal invisible
separa mi vida
de aquella morera
de mi infancia.

Hoy,
para mi asombro
he visto
a través de él
un mundo:
sin guerras
sin odios
sin envidias
sin traiciones
sin desamor,
y a una mujer
con atuendo triste
como su vida
rodeada de gatos
que lamían sus heridas.

Por un instante,
he sentido
la lejanía
de nuestro primer beso
bajo la sombra
de aquel árbol
de frutos morados.
Mila Aumente

10 comentarios:

  1. Querida Mila: Siempre me pareció la infancia como esa película que tú retratas, casi todos recuerdan esa época como una especie de paraíso, deberías escribir más sobre ese tema porque el poema es hermoso. La parte de la mujer y los gatos es UNA MARAVILLA. Se te quiere, Sol

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  2. Los muros que nos separan de los otros serían, no sólo invisibles, sino inexistentes, si fuéramos por la vida pensando menos en ver el mundo como si sólo existiéramos nosotros y más en ver la realidad como yo pienso que tú la ves. Nadie es perfecto pero, en algunas cosas, tú eres una aproximación bastante exacta. Me gusta como miras, Mila.

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  3. ...Port, ja, ja...se me olvidó firmar. Besos.

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  4. Mila, precioso.
    La morera me ha recordado los gusanos de seda y su transformación en mariposas. Hace varios años seguí el proceso en el laboratorio con alumnos de Ciencia Naturales. Creo que acabo de ver esos momentos con un cristal cómo el tuyo.
    Ójala siempre dispusiésemos de ese cristal para mirar por él, no la sólo la infancia, si no todos los momentos de nuestra vida.
    Un abrazo

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  5. Mila, me gusta lo que dices porque transporta al lector a un mundo paradísiaco. Un mundo imaginado donde todo es amor. Lo malo es que al salir a la calle podemos sorprendernos cosidos de heridas traicioneras, rodeados de perros y gatos dispuestos a comerse los despojos en que nos habremos convertido. Así es el mundo real, en el que vivimos.

    Besos.

    Alex

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  6. Para los cuatro: Es cierto, Sol: la infancia es, quizá, la etapa más bonita de cualquier ser humano. Incluso en lugares como Cuba o Egipto, donde los caprichos para los niños brillan por su ausencia, pude comprobar que ese brillo de felicidad que trasmiten los ojos en la infancia, a ninguno de ellos les faltaba. Yo tuve una niñez muy feliz, aunque no exenta de miedos e inseguridades. Además de largos silencios, en los que ya soñaba con UNA MARIPOSA inexistente (al menos, a día de hoy no la he visto).

    Emilio, tú me conoces bien. Posiblemente por eso te gusta como miro. Pero no me sobreestimes: estoy, EN TODO, muy lejos de la perfección. Aun así, me alegra que tengas esa apreciación sobre mí, porque demuestra el cariño que me tienes.

    Alicia, ojalá todos los días tuviésemos un cristal en el que, a través de él, pudiésemos ver todos los momentos felices vividos. Yo, cuando me detengo a pensar en todo lo malo de este complicado mundo, si no lo veo, me lo invento... A veces me refugio debajo de la morera, abro la caja de los gusanos de seda una y mil veces, hasta que veo las mariposas. En ese instante, me siento tal como soy hoy, pero sin las heridas del tiempo.

    Alejandro, ahí quisiera estar yo, EN EL PARAISO; pero aquí tampoco se está tan mal. Eso sí, hay que ir evitando a cada paso a perros y gatos con hambre humana. ¡Los hábiles ya nos encargamos de no tropezar con ellos! Ja ja ja.

    Muchas gracias a los cuatro y un fuerte abrazo.

    Mila

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  7. Como siempre Mila, tocando lo más hondo. Y como Soledad, yo también me quedo con los gatos sanadores, a cuantos solitarios curan el alma.

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  8. Muchas gracias por tu visita, Antonio. En días de tormenta, siempre es agradable escuchar una voz amiga.

    Un besito.

    Mila

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  9. Que imagen mas cercana de ese “otro lado” que tan bien describes en tu poema Mila. Me alegra leerte. Un beso y mi cariño

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  10. Muchas gracias, Rosa. Para mi es un placer tenerte entre mis coleguitas.

    Besitos.


    Mila

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