miércoles, 4 de noviembre de 2009

EL CAVERNÍCOLA



A mi amiga Montserrat Cano, gran escritora.






Aquella mañana de lunes regresé a casa convencida de haber tomado una de las mejores decisiones de mi vida. Casualmente, la noche anterior, me había bajado la regla, y aunque posiblemente en esos días del mes no se deben tomar decisiones importantes, por el estado anímico y emocional de cualquier mujer, jamás me he arrepentido de cortar definitivamente, aquel domingo, con Ernesto.
Había pasado todo el día festivo con él; hicimos el amor, o mejor dicho: follamos como siempre, con ternura alternativa entre pasión y pausas, para recargar pilas y fumarnos algún que otro pitillo. Ernesto tenía la fea costumbre de poner la fotografía de sus tres hijos en la mesilla de noche de cualquier habitación del hotel donde con frecuencia nos veíamos clandestinamente. Él vivía en Almería y yo en Madrid. Él estaba casado y yo separada. No sé por qué, aquella noche, la carita angelical de aquellas criaturas me intimidaron especialmente. Me puse sensiblera, mientras mi imaginación me transportaba hasta mis primeros años de juventud: mis primeras peripecias, mi primer beso de amor, mis primeras sensaciones al sentir el roce de un miembro viril. Todo aquel cúmulo de recuerdos contribuyó a mi decisión de dejar a Ernesto... No había vuelta atrás; estaba harta de su cinismo. Además, él no correspondía al prototipo de hombre que desde siempre me había gustado. ¡Todo lo contrario! Ernesto era engreído, torpe, materialista, seductor y un sinfín de adjetivos que calificarían a una persona de odiosa, y que, casualmente, para mi desgracia, me habían hecho enloquecer por él. Mi voluntad y mis principios se habían quedado en el olvido. Durante años mi vida sólo tuvo un sentido: vivir única y exclusivamente para Ernesto. El dominio que ejercía sobre mí con sus continuos mensajes en el teléfono móvil, sus miradas seductoras y su comportamiento, a veces desconcertante, me produjo tal desequilibrio emocional que a punto estuvo de volverme loca. Ernesto no sólo era infiel a su mujer conmigo. Durante un tiempo me dediqué a hacer una especie de periodismo de investigación privado; tenía verdadera curiosidad por conocer la posible existencia de otras mujeres con las que simultaneara su cama. De pronto, descubrí que éramos cuatro féminas las victimas de aquel loco seductor, desconocedor del sentido del verbo amar. Me costó muchísimas lágrimas asumir mi enganche emocional y sexual a aquel monstruo que vivía únicamente para llevar a cabo su ambición profesional y para satisfacer sus fantasías sexuales.
En aquel tiempo yo tenía treinta y cinco años y estaba a punto de publicar mi primera novela, titulada “Mi primer Fracaso”... Supongo que inconscientemente decidí ponerle ese título, basado en mi propio fracaso matrimonial, aunque, en realidad, el argumento nada tenía que ver con mi vida. Y también supongo que fue la casualidad o tal vez el destino el que quiso que me encontrara con Modesto aquella mañana de Febrero en la editorial. Nos presentó Baldomero, el director. Modesto tenía cinco años menos que yo y había publicado, con éxito, tres libros. Aquel dato me hizo sentir especial admiración por él, además de no pasarme desapercibido su atractivo físico. Nuestra común afición por la narrativa propició nuestra amistad, un sentimiento que poco a poco se fue trasformando hasta convertirse en amor... ¡Estoy loca por él! Modesto y yo compartimos aficiones, sentimientos, cama y proyectos de futuro. Nos hemos comprado una casa en Vera, Almería. Desde la azotea, cada noche, juntos, miramos un cielo raso, estrellado y silencioso. El ruido del mar nos invita a abrazarnos. A veces, ya de madrugada, el agradable sonido, casi musical, de un arroyo cercano y el croar de las ranas, saltando entre sus aguas, nos despierta a la vida mientras sentimos lo más parecido a la felicidad.
Estoy muy contenta, mi novela es todo un éxito y ya he comenzado a escribir una nueva. Se titulará “El Cavernícola”. No tengo ni idea de por qué he elegido este título... ¡Me gusta! Además he de reconocer que en mi “equipaje” llevo el recuerdo de un hombre moreno, con barba; algo parecido a esos personajes de cuentos que vivían en cavernas, primarios, rudos y a la vez sensuales... Sí, lo tengo decidido, ese es el título que pondré a mi próxima novela.
Esta noche no subiré con Modesto a la azotea. Está a punto de llover. El arroyo crecerá y las ranas se sentirán muy felices. Me voy a acostar; algo me está pasando. En mi cabeza martillea una despedida. No es que quiera despedirme de nadie. Sólo es el recuerdo de un adiós, el que le dije aquella mañana de lunes a Ernesto. Aquel monstruo que me hizo sufrir y gozar, al que no olvidaré nunca. Ése cuyo recuerdo me estremece en noches como ésta, en las que las inclemencias del tiempo me impiden subir con Modesto a la azotea,. Estoy sola en mi habitación, desnuda, tendida sobre la cama. Cierro los ojos y noto que alguien con sus manos acaricia mi cuerpo. Amo a Modesto, pero no es la suavidad de sus manos las que estoy sintiendo en los rincones más ocultos de mi piel... Tal vez mañana, al despertar, comprenda qué me está pasando.

Mila Aumente

11 comentarios:

  1. Mila, te superas cada día. El relato que nos regalas en esta entrada contiene uno de los elementos que han de estar siempre presentes en la literatura: la valentia. No sé si habrás sentido recelo con el uso del lenguaje. No lo sientas nunca. La realidad exige crudeza y fidelidad en la narración. Este texto tuyo aunque haya nacido en el calor de la fantasía recrea acciones reales, con emociones que hay que definir con el sustantivo que mejor llega al lector. Enhorabuena. Lo has conseguido.

    Besos.

    Alex

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  2. Perdona, Mila, esta segunda aparición. Es que he visto que dedicas tu relato a Montse, a Dª. Montserrat Cano Guitarte, profesora nuestra, que tanto y tan bien nos enseñó. Otra cosa es que nosotros consiguiéramos el nivel que ella pretendía. Me sumo al reconocimiento que la dedicas y os mando un beso, ogtro, a las dos.

    Alex

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  3. Gracias, Mila, por tu dedicatoria, por calificarme de gran escritora (ojalá fuera verdad) y, sobre todo, por llamarme amiga (eso, afortunadamente, es muy cierto). Gracias también a Alejandro por esos comentarios siempre favorables que hace de mí y por su cariño, por supuesto correspondido.
    Este relato, que ya conocía y que me sigue divirtiendo muchísimo, me recuerda aquellos tiempos felices de los talleres literarios. Lo mejor de todo es que, según parece, no sólo fueron felices para mí sino también para vosotros. De entre las muchas cosas que tengo que agradeceros a todos los que habéis compartido talleres conmigo, quizá la más importante sea que he aprendido a sentir la literatura de un modo más humano. Siempre creí que la escritura y la lectura eran, por encima de todo, un medio de comunicación eficaz y profundo porque creaban lazos basados en cosas que me parecían esenciales: la inteligencia, la estética y la ética. Sigo pensando lo mismo, claro, pero la amistad que nos une me ha demostrado que no se trata sólo de pensarlo, sino también de experimentarlo, de vivirlo. Tengo la suerte de poderme llamar amiga de muchos de los socios de Escritores en Red: Emilio, Enrique, Soledad, Santiago, Miguel... (perdón a los que no menciono)y eso, hoy por hoy, me parece muy importante puesto que me ha proporcionado momentos tan felices como los que me han dado los libros (y eso, me podéis creer) es mucho decir.
    De tu cuento, Mila, ya hemos hablado otras veces tú y yo. Pero, para los que leen estos comentarios debo decir que me sigue pareciendo agudo, fresco, irónico y tristemente real. Mucho más serio de lo que a simple vista parece. Vamos, que pertenece a ese tipo de textos que te obligan a reír con media cara y a llorar con la otra media. Tampoco puedo negar que el cuento me cae simpático: nosotras dos -y algunos otros- conocemos su génesis y eso es un punto a favor del texto. Pero, en definitiva, lo que interesa es que es una buena historia escrita con ingenio y sinceridad.
    Espero leer muchos relatos tuyos como éste.
    Montserrat Cano

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  4. Hermoso regalo, Mila: Después de conocerte creo que en este relato estás tú en cuerpo y alma, con la espontaneidad, frescura y realismo que te caracteriza. Porque la sinceridad que tu desprendes es la que en tu relato presentas. Me ha gustado el avance del relato, los quiebros de ritmo y cómo has sido capaz de mantener al personaje en esa media postura de tristeza, esperanza/desesperanza y melancolía. La vida. Eres una valiente espontanea. De verdad un hermoso regalo.
    Un abrazo
    Valeriano

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  5. Mila, cuando alguien se atreve a expresar de forma escrita-dándo la oportunidad de que permanezca en el espacio y en el tiempo-un texto cómo el que nos has regalado sólo se puede sentir admiración hacia ti cómo escritora.
    Me ha encantado poder leer lo que yo soy capaz de comentar entre amigos pero a día de hoy no soy capaz de escribir. Me queda la esperanza de ser más "valiente" en un futuro. Y quiero dejar claro que no es por el fondo, ya que creo que transmito mucho de mi misma y sin problema, si no por la forma del lenguaje. Espero desencorsetarme con el tiempo.
    He disfrutado leyéndolo.
    Un abrazo

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  6. Pues, con todo el enorme cariño que te tengo, Mila, y , por una vez, no voy a alabar el cuento tanto como desearía...Es valiente. Y está bien escrito...aunque - repásalo - tiene alguna concordancia que "retocar"...Yo noto que es un cuento de antes, Mila. Tu estilo ahora es más depurado. Has crecido increíblemente como escritora, ya sabes lo que digo y pienso cada vez que veo un nuevo relato tuyo...pero en este, en éste, no se...hay algo que no me termina de parecer redondo...Luego la temática me llevaria a comentarios como que me parece de una honestidad rayana en el suicidio de género el reconocer las terribles contradicciones "biológicas" que a veces tenéis las mujeres. Se que es un cuento...pero se corresponde con la "masoquista" realidad de algunas de tus congéneres. En fin, el relato da para mucho...mucho más que un solo comentario. Por la temática. Y por mas cosas.
    Ah...me encanta que la magnífica escritora Montserrat Cano Guitarte, se una a noosotros. Espero que pronto lo haga en la Blogsfera con su espacio personal. Está en Lisboa...pero esto es Escritores en Red.
    Así que...ya te estás apuntando. Aquí tienes, como tu dices, grandes compañeros y amigos. Que te esperamos.
    Un beso a las dos.

    Port

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  7. Ah, Mila!... Estas historias ya se cantaron hace mucho. Las remozó magistralmente hace unos años Dieguito "El Ciagala" de la mano del genio Bebo Valdés:

    "No te puedo comprender, corazón loco..." Ya sabemos el resto, ¿verdad?. Creo que nunca habrá coherencia entre la pasión y el buen juicio. Hay quienes consiguen domar ese pecho que salta loco ante algunos estímulos. Otros, en cambio, claudican y ganan o pierden, viven o mueren. Eso solo el tiempo puede decirlo.

    Hermosísimo cuento o cruel realidad. Pero asi es la vida. ¡Felicidades!.

    Un beso.

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  8. Muchas gracias a todos por dedicarme parte de vuestro tiempo y por la generosidad que demostráis en los comentarios. No imagináis lo feliz que me siento cuando os veo por aquí.

    Muchos besitos para los seis.

    Mila

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  9. Querida Mila:
    Sabiendo que estabas fuera, he esperado a que regresaras para acercarme a ti, espero que hayas disfrutado .
    Enhorabuena por este texto fresco y como dicen todos valiente.
    ¿Cuántos tabúes heredados de una educación sexista tenemos que abandonar? Yo la primera. Seguro que si el relato hubiera sido escrito por un hombre, ninguno hubiéramos añadido en adjetivo valiente, en el comentario.
    Sigue así Mila, siendo fresca, clara y...valiente.
    Un beso.

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  10. Gracias Mari Carmen, me alegra verte por aquí. Todos los que habeis hecho comentarios sobre el cuento, haceis referencia a la palabra valentía. Creo sólo se trata de un relato contado sin excluir lo que he considerado necesario para darle la forma que yo pretendía.

    Un besito.

    Mila

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