viernes, 29 de enero de 2010

CARTA A UN DESCONOCIDO



Querido desconocido:
Son casi las siete de la mañana. He pasado la noche sentada en El Malecón, frente a mi ciudad. En algún momento, inevitablemente, mi cabeza giraba hasta encontrarse con las aguas de este océano que conozco y por el que desde mi infancia han navegado mis sueños.
El compromiso de acudir cada fin de semana a sentarme sobre este muro, lo adquirí el día que cumplí quince años (ahora tengo cuarenta). Recuerdo aquel día como el más feliz de mi vida. Mis padres me vistieron de princesa e hicieron que me sintiera como tal. Las únicas fotografías que poseo de mi vida son de aquella fecha, posando en La Plaza de San Francisco. Aquella lejana noche, sentada como hoy en el Malecón de La Habana, soñé contigo y, al despertar, tuve la certeza de que algún día vendrías a buscarme. Aún hoy, pasados los años y todos los avatares que la vida me ha ido trayendo, te sigo esperando.
Me casé, cuando apenas habían trascurrido dos décadas de mi existencia, con un hombre de Santa Clara, aunque no fue allí donde le conocí. La primera vez que le vi fue una tarde de domingo en la Plaza de La Catedral de mi ciudad. Quisiera saber describirte con exactitud cada detalle de ese rincón. Sin embargo, ante mi incapacidad para hacerlo, te diré que en ese pequeño espacio se concentra gran parte de la magia de la isla. De día, la arquitectura antigua de los edificios que la encuadran, su suelo adoquinado y la entrada y salida de numerosos turistas de La Catedral forman un cuadro tan bello para el que lo contempla como inimaginable para todo aquel que nunca ha estado allí. De noche, las farolas con su luz tenue iluminan las fachadas de los edificios lindantes, creando un ambiente mágico que incita al amor.
Mí matrimonio con Eduardo, que así se llamaba mi esposo, duró poco más de cinco años, el tiempo necesario para asegurarme de que me engañaba con una mujer rubia de origen español. Las mujeres europeas siempre fueron sus preferidas, y lloré muchas lágrimas en soledad hasta asumir la evidencia de su traición. La impotencia de no poder convertir mi piel negra en blanca me dejó fuera de combate.
Cuando pienso en ti, imagino aromas que no he olido nunca. Siempre he pensado que el amor huele a silencio, a entrega, a miradas que lo dicen todo sin necesidad de mediar palabras, a compromiso basado en la libertad y el respeto, a besos envueltos de pasión..., a caricias que te hagan vibrar mientras sientes que el paraíso habita en ti. No sé en qué lugar del mundo estás, pero estoy segura de que existes. Y que, tal vez, en este instante en el que como yo te sientes perdido y a la vez esperanzado por lograr encontrarme, llegue hasta ti esta mezcla de olores a través del océano que ruge a mis espaldas.
Te espera, Fidelina.

Mila Aumente

18 comentarios:

  1. Mila, te has salido. Siempre te sales. Envuelto en un ambiente romántico y sensual, has creado una historia de amor, un amor que nace cuando otro muere. Además has retratado con sutiliza la impotencia y la incapacidad que proporcionan algunos rasgos originales (de raza, en este caso) que, a pesar de la modernidad, marca al ser humano con una tacha imposible. Esa, entre otras que cualquiera puede ver, es una historia subyacente que hace reflexionar.

    Extraordinaria, profunda, llena de verdad, la frase :"(...) el amor huele a silencio, a entrega, a miradas que lo dicen todo (...)".

    Ojalá Fidelina reciba lo que tanto espera. Enhorabuena, querida Mila.

    Alex

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  2. No creo que el amor a ese desconocido le surja al personaje cuando el otro se fue. ¿No dice que recuerda aquel día, con él, como el más feliz de su vida? Yo creo, más bien, que su amor sólo estaba oculto esperando.... ¡Ah los amores primeros! "A raíz d'o toxo verde e moi mala d'arrincar, os amouriños primeiros son moi malos d'olvidar".
    Un abrazo
    Valeriano

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  3. Mila, verdaderamente sublime, en especial lo referido al aroma del amor.

    Un compañero mío, en un relato de un libro suyo, se preguntaba a qué huelen las nubes. Cuando le mandé la opinión sobre el libro me referí a ese momento. Me pareció magistral al igual que este tuyo. Seguidamente intenté describirle a qué sabían las nubes con otro relato como respuesta.
    Leyendo tu descripción del sabor del amor, creo sinceramente que saben a lo mismo que las nubes. Teclea sobre mi nombre si quieres comprobarlo.

    Un abrazo

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  4. Alejandro, es muy triste que las oportunidades no sean las mismas para todos, indistintamente del color, raza o lugar de origen. Al menos, a la protagonista de esta carta nadie puede robarle sus sueños. Ya sabes, cada fin de semana acude al Malecón y los deja navegar a través del océano.
    Gracias por tu comentario lleno de cariño.
    Un beso.
    Mila

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  5. Valeriano, ella todavía no conoce a ese amor, sólo le intuye en algún lugar del mundo y adivina cómo es su olor.

    Gracias por visitarme.
    Un beso.
    Mila

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  6. "Mientras en sus bocas disfrutaron el sabor de las nubes". Alicia, tu relato me ha parecido precioso. Veo que eres tan soñadora como yo... ¡Qué delicia: olor y sabor a AMOR!

    Gracias por dedicarme unos minutos de tu tiempo.
    Un besito.
    Mila

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  7. “el amor huele a silencio, a entrega, a miradas que lo dicen todo sin necesidad de mediar palabras... mientras sientes que el paraíso habita en ti.”

    Por un amor como éste, bien merece la pena esperar en el Malecón.
    Buen relato dulce soñadora.

    Un beso.

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  8. Estoy de acuerdo contigo, Mari Carmen. Todas esperariamos (o casi todas) hasta la eternidad... Desgraciadamente, los imposibles sólo existen en los sueños.

    Gracias por visitarme.

    Un beso.

    Mila

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  9. ¡Hola Mila!
    Aunque hoy es el primer día que visito tu casa, ya la había fisgado, gracias a esa gran mirilla que es la blogsfera.
    Eres una gran vecina, siempre a pie de cañón.
    Con tus actuaciones y tu gran corazón... te haces querer.

    Mila, con tu relato, me has llevado, hasta el malecón donde habita el fuego siempre encendido...del deseo y la esperanza de encontrar ese amor...Un amor... para el que el tiempo no existe. Un amor... que no envejece. Un amor...intimo. Un amor...
    Enhorabuena por este platónico relato.

    Ayer falleció el escritor, guionista de cine y ensayista,Tomás Eloy Martinez.
    En cierta ocasión dijo: “Nos pasamos la vida buscando lo que ya hemos encontrado”. Y él ha encontrado la inmortalidad a través de su obra.

    Besos.
    Toñi

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  10. Toñi, qué sorpresa tan agradable verte por aquí. Agradezco tus cariñosas y cercanas palabras, y que también hayas llegado hasta el Malecón.

    Gran frase, llena de sabiduría, la de Tomás Eloy Martinez:"Nos pasamos la vida buscando lo que ya hemos encontrado". Posiblemente, muchos, deberíamos aplicárnosla, aunque no creo que sea el caso de la chica de La Habana, ella sueña con sensaciones que nunca ha tenído cerca y que, sin embargo, intuye que existen.

    Besitos.

    Mila

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  11. Bueno, Mila...por fin me olvido de mi recital de ayer..y puedo reanudar tranquilo los comentarios...y el tuyo no puede faltar, sobre todo, porque aparte de lo que me cuidasteís ayer todos - tú empeñada en que me tomara un bollo después de la actuación...por si me desmayaba del esfuerzo, je, je...pero no hubo esfuerzo...fue todo muy agradable y fluido...bueno, a lo importante ahora: tu relato. Pues que este también irá en tu libro, faltaría más. Como dice Alejandro...qué nivel. Me ha gustado especialmente una frase con la que coincido con Mari Carmen y Alicia "Siempre he pensado que el amor huele a silencio"...apostillo...es que el silencio es necesario para percibir...para saber donde estamos cada uno, para ser...A veces las palabras adornan...pero es el silencio el único que permite "ver" "sentir" las cosas...como dije ayer...a mi no me gusta hablar, je, je( en el sentido de hablar por hablar) pero puedo escribir pasándome "tres pueblos" que se dice vulgarmente...y es porque, al escribir, pienso, se donde estoy, cómo me muevo...Y no me cuesta ningún trabajo, al revés...bueno, en el móvil si, darle a las teclitas de los mensajes es un suplicio...Pero estábamos en La Habana...y en el malecón. Tu lo superas con creces. Las olas de tu corazón en la escritura...y la calidad de la redacción...saltan sobre él.

    Port

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  12. Querida Mila,

    Mil gracias por transportarnos a la cultura cubana en esencia, la importancia de la puesta de largo a los 15 años donde las mujeres adoptan el compromiso de ser adultas y esperar a su eterno príncipe.

    Tú protagonista Fidelina intuye que hay otras formas posibles de vivir la vida pese a las condiciones que la rodean, pese a todo observa en silencio el agua iluminada por un horizonte curvo que invita a confiar.

    Ojalá las Fidelinas del mundo se puedan quitar ese lastre de Fidelidad a una clase y salten la frontera de lo que les toca vivir para ser Lina, Lisa, Lhasa, Lilla Downs...

    Gracias de nuevo por tan inteso viaje, leer textos bien escritos también es un placer.

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  13. Emilio, nunca te pasas "tres pueblos" porque todo lo que escribes es interesante... ¡Qué bonito superar con creces las olas del corazón en la escritura! Gracias por tan cariñosas palabras. La verdad es que ya te echaba de menos... Ya sabes, uno se acostumbra a lo bueno y luego pasa lo que pasa, jajaja.

    Y sí, el silencio interior invita a los sueños y a la creación. Esa sensación me encanta.

    Un beso.
    Mila

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  14. Gracias a ti, Nelken. Me alegra saber que has disfrutado conociendo las sensaciones de la chica de La Habana.

    Es un placer verte por aquí, y deseo que muy pronto volvamos a encontrarnos en cualquier calle o plaza donde se reunen los amigos.

    Besitos.

    Mila

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  15. Querida Mila.

    No son las siete de la mañana, ni he pasado la noche sentada en el Malecón, pero tu relato ha hecho que lo sintiera, como si realmente hubiera estado.

    No hay amor mas hermoso que el que imaginamos dentro de nosotros, porque permanece siempre vivo, mientras nosotros deseemos que así sea. Creamos un ser que no engaña, no envejece y te admira por encima de cualquier cosa...por ti misma, sin buscar acuerdos para hacerlo.

    Nos produce un sentimiento tan dulce, que en el fondo deseamos que nunca se haga realidad.

    Quizá sea porque la realidad, cuando se conoce, casi nunca nos gusta.

    Dale las gracias a Fidelina por su carta sincera.

    Un beso amiga

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  16. Así es, Rosa, caminamos por la vida idealizando ese amor que, a todos o a casi todos, nos gustaría encontrar. Como bien dices es un sentimiento dulce del que no queremos deshacernos porque, desgraciadamente, el amor hecho realidad, en muchos casos, es amargo.

    A Fidelina ya le he dado las gracias de tu parte. Ella te envía un abrazo con mucho cariño.

    Mila

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  17. "Tu me recuerdas las calles de la Habana Vieja;
    la Catedral sumergida en su baño de tejás.

    Tu me recuerdas las calles,
    no se, las ventanas
    donde los cantores nocturnos cantaban
    amor a la Habana..."

    Cómo me ha gustado revivir, Mila, a través de tus palabras, esas visiones de la plaza y su mercado, de la vieja catedral y tantas cosas...
    El Malecon, ruina de cara al océano y la risas y los escaparates mudos, como Fidelina esperando a su amado, esperando a su amado sin nombre, al que no llega y siempre queda.

    Gracias. Un beso

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  18. Manuel, me alegra saber que la carta de Fidelina a un desconocido, te haya hecho revivir felices momentos en El Malecón.

    A todos los que hemos visitado La Habana, (me refiero en la realidad) se nos han quedado grabadas sensaciones difíciles de explicar. Cuba es un lugar del mundo al que pienso volver.

    Gracias a ti por visitarme.

    Un beso.

    Mila

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