jueves, 7 de enero de 2010

UN PAISAJE DESCONOCIDO



Dispuesta a salir a la calle, con el fin de hacer compras y adquirir un billete de lotería, me asomé a la ventana y vi que estaba lloviendo. Ante lo que me pareció una contrariedad, de cara a mis planes, exclamé en voz baja: ¡Vaya por Dios! La duda entre llevar paraguas o no me hizo titubear. Finalmente opté por lo segundo (los que tengo tienen un valor sentimental para mí, y la idea de volver a casa sin él me aterró). Utilicé el metro como medio de locomoción, sin lugar a dudas la forma más rápida y más barata de moverse por Madrid. Desde la estación más cercana a mi casa hasta La Puerta del Sol, mi meta en aquella tarde, observé detenidamente a cada uno de mis vecinos de vagón. Casi todos ellos mostraban un semblante triste y aburrido, como si la finalidad de su viaje careciera de interés. Cuando llegué a mi destino, lo primero que hice fue detenerme en la primera administración de loteria que encontré al paso. La cola era espectacular. Me situé en el lugar que me correspondía, o sea, la última de la fila, en la acera, en plena calle.
Comenzó a diluviar con tanta fuerza que me pareció que la lluvia estaba cabreada. Entonces me acordé de mi paraguas, el que compré en Nueva York, y pensé: Habría sido una pena perderle.
Mi mirada estaba fija en el nº 60907, porque me pareció que la lotera lo exponía en el mejor lugar del establecimiento. ¡Éste para mí!, pensé con seguridad. Mis vecinos de fila parecieron adivinar mis pensamientos; las dos personas situadas delante de mí no dudaron en adquirirlo en ventanilla. Comencé a ponerme nerviosa ante la posibilidad de que, al llegar mi turno, mi número favorito se hubiese acabado. Finalmente, salí de la administración de loteria con el billete en un bolsillo del abrigo, más contenta que unas castañuelas. Y mientras subía por la calle Carretas en dirección a la Plaza de Jacinto Benavente, con la melena lacia por la lluvia caída y los pies chorreando de agua, empecé a pensar en lo que haría si mi número resultase premiado. Primero, ayudaría a varias personas necesitadas, cercanas a mí; después compraría un billete de avión, destino: Lo más lejos… ¿Dónde estará lo más lejos? -pensé. Tras hacer un pequeño recorrido mental por la geografía del mundo, me situé en Australia… Sí, compraría un billete de avión que me llevase hasta allí.
Observé cómo varios policías secretas se apoderaban de la mercancía ilegal que unos hombres negros intentaban vender a los transeúntes. No era droga ni nada parecido. Sólo bolsos, monederos y cinturones: productos que mucha gente compra por tener precios asequibles. Vi el terror en los ojos de aquellas personas indefensas ante la ley, y sentí la injusticia del mundo a través de mis lágrimas. El lamentable incidente me llevó a entrar en un OUTLET (tienda en la que se encuentra ropa de firma, de temporadas pasadas, a buen precio). Impulsivamente, miré abrigos, chaquetas, bolsos… Finalmente decidí probarme dos faldas (naturalmente, primero una y después la otra). Mi grave estado emocional avanzaba por minutos. Frente al espejo del probador me miré por espacio de media hora, por delante, por detrás, de lado… ¡Las faldas me sentaban como un tiro! Definitivamente, tenía que asumirlo, ya no era la que fui en otros tiempos, tan resultona, tan atractiva, con todo en su justo sitio… En fin, ¡una pena! Cuando llegué a casa me tomé un vaso de leche y un analgésico, me metí en la cama y me sumí en un dulce sueño.
Me despertó el sol de la mañana atravesando los cristales de mi habitación. Tras ellos, vi cómo varios surfistas disfrutaban con las olas. Por un instante, me sentí confusa: la playa a la que mis ojos miraban no era la de Jávea, ni ninguna otra que yo conociera. En realidad, era la primera vez que veia el oleaje en aquellas aguas… Estaba en Australia, sola, sin equipaje, con un mundo nuevo por descubrir.

Mila Aumente

18 comentarios:

  1. Querida Mila, buen cuento, y muy apropiado para las fechas en que estamos, o hemos estado. Tu prota, narradora en primera persona, no habrá sido la única en desear la lotería para poner tierra y mar por medio y marcharse al otro lado del mundo. El mundo en que vivimos no siempre nos gusta, y así, pues claro. Tampoco nos gusta a veces lo que vemos en el espejo, pero es que hay probadores que deberían haberse quedado en la fábrica, sobre todo ese donde se probó tu personaje las faldas. Si se parece a la protagonista que me estoy imaginando no tiene que irse a ningún sitio para encontrarse bien con ella misma y quemar el agua de Madrid entero en cualquier día de lluvia. Que lo sepas, guapa, y no salgas nunca sin paraguas cuando amenace chaparrón.

    Besos,

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  2. ¿Cuento?... Yo creo firmememnte que te despertaste en Australia. Solo una objeción... Nueva zelanda está aún más lejos y es un País de auténtico ensueño. Creo que. si yo hablara inglés, me iría a vivir allí.

    Pero como no lo hablo me quedo en mi Murcia adoptiva y leo vuestros relatos que me hacen soñar cada día.

    Ah!, y en contra de lo que dice Alex, te aconsejo que sigas saliendo sin paraguas, que te dejes calar hasta los huesos por el chaparrón de turno. Que vivir protegida bajo palio no trae buenas consecuencias.

    Feliz año, Mila. Mojado o no, con o sin premio de lotería. Pero que sea feliz.

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  3. Tu cuento me ha evocado muchas cosas pero hay una que la tengo en la retina. Yo también vi, estas Navidades, esa operación policial que tú nos cuentas. Vi cómo el policía en la calle Preciados requisaba lo de un vendedor, en este caso era latinoamericano. Estoy viendo aún la expresión del inmigrante mirando impotente y observando cómo el policía, montado en la moto, colocaba entre las piernas para que no se le cayera, la bolsa que le había requisado. Y luego, vi también cómo el otro policía abría una papelera para comprobar que había dentro. ¡Perro mundo!
    Un abrazo
    Valeriano

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  4. Alejandro, gracias por tus buenos consejos. No volveré a salir de casa sin paraguas cuando el cielo amenace lluvia. En cuanto al probador, realmente debía de tener algún defecto de fábrica, porque la protagonista de mi cuento tampoco está tan mal, jajaja....

    Un besito.

    Mila

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  5. Manuel, no conozco Nueva Zelanda pero me fio de tu información. Le diré a la protagonista de mi cuento que, de vez en cuando, se haga una excursión desde Australia hasta allí. Viajar es maravilloso, aunque el medio de transporte sea la imaginación.

    Un besito.

    Mila

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  6. Pues sí, Valeriano, este mundo es complicado y cruel. Sin embargo, los que estamos en él debemos mirar hacia el horizonte con optimismo.

    Me alegra saber que mi cuento no te haya dejado indiferente.

    Un beso.

    Mila

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  7. Excelente, Mila. Toda la historia. El contenido, como esta narrada. Y tienes algunos aciertos literarios dignos de ser puntuados tu relación con el paraguas, tu relación con el décimo, tu visión de la gente en el metro...Buena literatura, espléndida. Y hay algo que me encanta: tu punto de destino. No te olvides - si alguna vez tu sueño se hace realidad - de ponerte en contacto con David Nihalat. El eligió ese punto de destino para escapar...y todavía no ha vuelto. Por algo será.

    Port

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  8. Bueno Mila, pues he leído tu relato.
    ¡Seré tonto, que leo primero los comentarios y luego el texto!
    Me encanta la frescura y la cercanía de todo lo que cuentas.
    El final es espectacular... uno de esos cuentos con final inesperado que tanto se quedan en la memoria de los lectores.
    Felicidades.
    Un beso
    Santiago Solano

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  9. Emilio, me alegra saber que te ha gustado esta historia. No pierdas la dirección de tu amigo David, en Australia. Aunque me temo, que la protagonista del cuento, sola, únicamente hace viajes largos a través de su imaginación.

    Un beso.
    Mila

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  10. Gracias, Santiago. Y no te preocupes por el orden de las lecturas (primero los comentarios, después el relato), porque confío, plenamente, en tu propio criterio.

    Un beso.
    Mila

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  11. Cuántos, hasta los más escépticos, caemos en la tentación de depositar nuestros sueños, aunque sea momentáneamente, en manos de la suerte. Si me tocara...yo creo que la suerte no debemos buscarla, por mucho que lo intentemos, es ella la que debe cruzarse en nuestro camino.
    Mientras esto ocurre soñemos y, cuando acabes de soñar sal a la calle y camina con paraguas o sin el , mirando todo lo que te rodea con tu mirada y luego vuelve a soñar siendo siempre la misma.
    Un beso.

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  12. Gracias, Mari Carmen. Es un placer verte por aquí, como lo es leer todo lo que escribes; ya sea en tu blog o el cualquier otro medio.
    Espero conocerte muy pronto... ¿Te veré en la reunión?

    Un beso.
    Mila

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  13. Feliz Año Mila,he tenido el placer encontrar tu relato LA TELARAÑA; con Vicente mi tocayo como bien me comentastes, --espero que el recuerdo solo fuera por mi nombre--, los comentarios sobre el cuento son geniales, aun me acuerdo la sonrisa que se me escapo (quizas no era tu pretensión) cuando se fija en el estado de las cajas de zapatos,,ese efecto me parecio genial--supongo que su huida al trastero tiene un trasfondo que yo no capto pero vamos yo por si acaso estoy preparando un letrero para colgar en el trastero que diga cariño sube y despiertame "eso si que el agua no este muy fria"
    Un abrazo Vicente
    PD (Los Reyes no se abran acordado de unos zapatos de baile)

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  14. Hola, Vicente: Me alegra saber que LA TELARAÑA te ha gustado. Cuando puse nombre al protagonista de este cuento, sólo recordaba haber conocido, de cerca, a un Vicente: mi profesor de bachillerato. Como podrás imaginar,esta persona nada ha tenído que ver con mi fuente de inspiración. En realidad, todo lo escrito es pura fantasía.
    Y sí, los Reyes Magos me han traído varios pares de zapatos llenos de bailes de ilusiones; ya sabes, para bailar, cada día, al ritmo que toque.
    También te deseo un FELIZ 2010.
    Mila

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  15. Que buen final para este cuento tan especial. Me ha ido llevando en cada escena, sintiendo que era yo la protagonista del paseo, con prueba de ropa incluída, donde el malestar no es "haber dejado de ser", sino comprobar, una vez mas, que "todo sigue siendo lo mismo", ¿verdad?.

    Mira que cuentas bien cuentos, corazón. Un placer. Nos vemos prontito. Un abrazo

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  16. Querida Mila, hay quienes tienen suerte en los negocios, con el dinero, etc. Pero tú frotuna es mejor porque posees imaginación. Y además la explotas. ¿Se puede pedir más? Ah, me ha gustado el final. Sorprendente.
    Un beso
    Javier

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  17. Querido Javier, gracias por haber visto, en mis escritos, mis cualidades imaginativas. La verdad es, que dinerito tengo lo justo; gente que me demuestre su cariño, mucha, algo que me llena de satisfacción. Realmente, lo único que me sobra es imaginación y años (sobre todo lo último) JAJAJA... ¡Habrá que tomárselo con sentido del humor!
    Un beso.
    Mila

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  18. Querida Rosa, me alegra saber que te ha gustado esta historia, y que mientras la leías te hayas sentido protagonista.
    Gracias por tener ganas de visitas, en estos tiempos que corren.
    Un beso y mi cariño.

    Mila

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