sábado, 29 de enero de 2011

LA PECERA




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No gracias, tengo prisa, me contestó en tono amable como si quisiera con ello quitar dramatismo al asunto que nos había llevado hasta allí. En nuestro último abrazo intercambiamos dos palabras. Yo le dije: Adiós, baby. Ella, sonriente me contestó: Adiós, baby. La seguí con la mirada, y pude ver la expresión de su semblante al encontrarse con un hombre que parecía estar esperándola a escasos metros de aquel patético lugar. Se la veía feliz, con ese brillo en la mirada de quien vuelve a iniciar un viaje hacia la ilusión. El dolor que me produjo aquella imagen superó con creces a cualquier otro, por doliente que fuese. Comencé a caminar. Estaba aturdido y decidí sentarme a tomar una cerveza en la primera terraza del Paseo de la Castellana que encontré abierta.
Era una mañana soleada; sin embargo, una mezcla de sentimientos entre tristeza y miedo se apoderó de mi imaginación trasladándome hasta aquellos días de invierno, en los que, siendo un niño, sentía terror cada vez que veía cerca de mí a parejas de policías resguardándose del frío, con sus capas grises, mientras hacían sus servicios. Permanecí sentado en aquel lugar hasta perder la noción del tiempo. Desesperado, comencé a observar a todas las parejas que paseaban por las aceras colindantes manifestándose su amor con arrumacos, besos y sonrisas llenas de vida. Deseé inútilmente el contagio de la alegría que emanaba de todos aquellos jóvenes, a la vez que mi mente retrocedía en el tiempo hasta llegar a mi primera cita con Elena. Pude verla con sus espléndidos diecisiete años, aquella minifalda que dejaba entrever su ropa interior, aquellos pechos erectos y su eterna mirada lánguida y soñadora. El recuerdo de nuestra primera noche de amor me hizo apreciar en el aire que respiraba el inconfundible aroma de su piel.
Cuando volví a la realidad, fui consciente de que estaba viviendo el día más triste de mi existencia. Hacia tan sólo dos horas, dos firmas en los juzgados de la Plaza de Castilla terminaban con treinta años de convivencia, en los que hubo alegrías y penas... en definitiva, amor y desamor. Mientras apuraba la cerveza, conocí el sabor de la hiel al llegar mis lágrimas hasta mi boca. ¿Qué nos había llevado a estampar aquellas malditas firmas, por las que en fracciones de segundos todo se había convertido en nada? De repente vino a mi memoria una frase de un poema de Neruda: “Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos”. En ese instante, sentí padecer el significado de esa frase con un manifiesto dolor en el alma. Terminó la ceguera voluntaria en la que había estado sumido, y comprendí que no le dediqué a Elena el tiempo que merecía.
Todo terminó un día de esos en los que ella veía pasar la vida a través de una ventana, sin más luz que la de su tristeza. Fue entonces cuando descubrió que “su pecera” no era el océano. Desde ese instante, nada pude hacer para recuperar su amor. Lloré amargamente mientras me recreaba en mi torpeza por no haber sido capaz de evitar ese final. Cerré los ojos, y vi la estampa de un estúpido reflejada en la lejanía de su mirada. Enloquecido, comencé a hablar en voz alta haciendo eco a mi dolor: ¡Qué torpeza la mía!... Mientras Elena no agotaba la esperanza de recuperarme entre las aguas cristalinas de su pecera, yo me distraía mirando a través de los cristales oscuros de cualquier ventana del mundo.

20 comentarios:

  1. La metáfora de la pecera y el oceáno es precisosisima Mila. ¿por qué no la utilizas para contar esta misma historia en clavez de poema? por probar, por jugar con las palabras...

    Me alegra mucho que recuperes el ordenata y sigas escribiendo. La tristeza si es para darnos cuenta, tiene un sentido.

    muy inspirador tu relato.

    un abrazo

    Nelken

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  2. “Mientras Elena no agotaba la esperanza de recuperarme entre las aguas cristalinas de su pecera, yo me distraía mirando a través de los cristales oscuros de cualquier ventana del mundo.”

    Un poco tarde para darse cuenta de su error, pero al menos entre tanto cristal oscuro ha visto algo de claridad... Eres una gran narradora. Sigue así, querida Mila.

    Besos.

    Toñi

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  3. Me gusta mucho que te des cuenta de que el tiempo es circular, la vida lo es...no hay mucha diferencia entre el pensamiento de la estudiante de instituto que abre la página y la escritora que creció y maduró...pero que, como todos, sigue siendo una niña llena de sueños...La vida pasa pero mejor que pase escribiéndola...nos permite fijarla mejor en la memoria...y compartirla. Incluso transformarla en el pensamiento, aunque haya recuerdos que no necesiten transformación: se valen por si solos.
    Magnífica muestra, una vez más, de tu narrativa. Y, como señala Toñi, con algún párrafo excepcional. Muy bien, Mila, muy bien...

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  4. Querida Mila, entender que no somos los de ayer, o que todo cambia y nada permanece, es, a mi entender, una base primordial sobre la que se debe sustentar cualquier relación.
    La vida evoluciona y nosotros con ella. Hay que aceptar esos cambios y adaptarlos a la convivencia, para que la relación, ya sea con los padres, los hijos, los amigos, la pareja...no se deteriore.

    “ Fue entonces cuando descubrió que “su pecera” no era el océano.”

    Esta imagen, además de hermosa, tiene mucho peso en la lectura. Has convertido en personaje principal a uno del que apenas hay referencias. Elena y su viaje hacia la ilusión se ha convertido en protagonista.

    Un beso mi dulce soñadora

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  5. Querida Mila:

    Tu relato sirve un abanico amplio de evocaciones que nos hacen reflexionar.

    Genial la frase de Neruda: "Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos". Los de ayer tampoco lo somos, y menos mal. Eso significa que evolucionamos. Lo importante es evolucionar para bien, para abrir los ojos y ver el rumbo que tomamos. Quizá el mejor rumbo no es el que nos impone la vida, sino el que nos proponemos convencidos y fieles a nosotros mismos, aunque nuestro convencimiento sólo nos lleve a ver "... la vida a través de una ventana, sin más luz que la de (su) "nuestra" tristeza". Ese será el momento de cambiar el foco de la mirada. En esa nueva perspectiva es posible que veamos, como tú dices, que nuestra pecera no es el océano que creíamos. Que gran lección, Mila, para ver lo poco que somos. Si seguimos mirando, a lo mejor no somos ni una gota de agua de esa pecera.

    Y para terminar, resaltar del lenguaje empleado la ausencia de adjetivos y significados abastractos. Sólo así conseguimos imágenes nítidas de escenas y personajes. Algo que omitimos adrede con frecuencia buscando el lucimiento propio y -sin saberlo- perjudicamos seriamente la calidad y el mensaje del texto. Enhorabuena, Mila; lo has hecho muy bien.

    Un beso.

    Alejandro

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  6. Querida Mila: tu sabes que este relato me trae recuerdos de una tarde entrañable a tu lado, en Libertad.

    Me sentí entonces un privilegiado por poder escucharte, porque me permitieras escuchar tu corazón. Hoy me siento igualmente privilegiado por poder leerte.

    Gracias por ambas cosas. Un beso.

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  7. Querida Nelken, lo intentaré algún día que me sienta inspirada, jajaja. Si lo consigo, te dedicaré el poema.

    Besitos.

    Mila

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  8. Hola Toñi. Muchísimas gracias por visitar mi blog y dejarme tus cariñosas palabras.

    Un beso.

    Mila

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  9. Querido Emilio, es cierto, el tiempo se asemeja mucho a la estación de metro "circular" que tenemos en Madrid. Podemos estar aquí, ahora, en este instante. Y dentro de minutos o incluso de segundos situarnos en el punto de partida de hace nuchos años. Eso es lo que tiene el poder de la imaginación. Para mí, quizá, el mayor de los poderes.

    Un besito.

    Mila

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  10. Querida Mari Carmen, cuánta razón tienen tus palabras: "la vida evoluciona y nosotros con ella". No obstante, creo que todos no evolucionamos de la misma manera ni al mismo tiempo, y ahí es donde comienzan a surgir los conflictos de pareja. Algunas personas son maduras y prácticas, y otras infantiles e idealistas; un cóctel díficil de digerir.

    Besitos.

    Mila

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  11. Alejandro, muchas gracias por volver a visitarme y hacer tu reflexión sobre "La Pecera". Mejor no plantearnos ninguna cuestión más sobre si podría haber, en la vida de cada uno, menos cantidad de "agua" de la que puede caber en un recipiente de esas características, jajaja.

    Un fuerte abrazo.

    Mila

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  12. Querido Manuel, para mí también fue un privilegio compartir contigo tertulia en el Café Libertad. Abrir el corazón a los amigos dulcifica la vida. Y yo, en la misma medida que me gusta lo dulce, siento un gran rechazo hacia lo amargo.

    Muchas gracias por todo.

    Un abrazo.

    Mila

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  13. Mila corazón, una vez leí un poema de amor que me viene a la memoria al leer el comentario de Emilio y tu respuesta con la metáfora del metro, sobre la circularidad. Decía algo así:

    “Te amo”
    dice la mujer
    “Cuídate de no amarme demasiado
    —dice el amante—
    pues retornarías
    a ti misma.
    El amor es redondo”

    Y vuelvo entonces a tu relato:

    “… Mientras Elena no agotaba la esperanza de recuperarme entre las aguas cristalinas de su pecera, yo me distraía mirando a través de los cristales oscuros de cualquier ventana del mundo.”

    “…Fue entonces cuando descubrió que “su pecera” no era el océano.”

    Hermosa forma de narrar el amor y sus consecuencias mi niña. Me ha encantado.

    Un beso muy cercano, si me necesitas

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  14. Muy interesante y descrito tu relato. Me ha gustado tu forma de plantearlo. Sugerente, y seductor. Tiene tu aroma. Mila, para ninguno de los dos jamás una pecera fue el océano, ni cuando pensaban que eran uno solo y que nunca cambiarían. Siempre serán peceras diferentes. Pero cuando ya han cambiado, ¡ah!, entonces, hasta pueden llegar a ser dos océanos que se desconocen. Entonces qué pasa, me pregunto: pues que la vida sigue y hay que tomar el camino más corto posible, pero hay que seguir caminando hasta el final. El sol sale cada día para todos. Nunca es tarde. Todos somos arrieros en caminos transitados por muchos con peceras y océanos desconocidos. ¿Y el amor? El amor para el recuerdo. No queda más que eso. Dile a tu personaje que a dónde se va el amor, cuando se muere. Yo me quedo con ¿Quién dijo amor y no dijo más bien ternura?
    Un abrazo,
    Valeriano Franco

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  15. Querida Rosa, recojo ese beso y te envio otro con el mismo cariño. El poema, precioso; muy demostrativo de que la vida es circular.
    "La Pecera" es un cuento-relato que escribí hace ya varios años. Ya sabes, mis historias forman parte de la vida cotidiana de cualquier ser humano; por supuesto, con ese toque de fantasía "sello de la casa", jajaja.

    Muchas gracias por estar siempre cerca.

    Mila

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  16. Veleriano, muchas gracias por tu comentario y por saber apreciar mi aroma en él.

    Creo que el amor, cuando se muere, sólo puede instalarse en la memoria de quien lo ha vívido. Afortunadamente, como ya se ha hablado en varios comentarios, todo en la vida es circular.

    Un fuerte abrazo.

    Mila

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  17. Estimada Brigitte Bardot:

    Ya sabes: La juventud no es un tiempo de la vida, es un estado del espíritu.
    Para mí sigues teniendo diecisite años. Si en algo has cambiado, es en el raciocinio, que siempre se pule con la experiencia.

    Besos y abrazos,
    Cris.

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  18. Querida Cris, estoy totalmente de acuerdo contigo. Los años no se ven en el espejo, sino en la forma que tengamos de mirar la vida. La mía, como la de todos, es circular. Por eso podemos situarnos, en cada momento, en el lugar que más nos guste.

    Gracias por la comparación con Brigitte Bardot. Creo que eres demasiado generosa; aunque, modestia aparte, una era muy resultona. Y ya sabes lo que dice el refran "Genio y figura, hasta la sepultura", jajaja.

    Un placer verte po aquí. Besos.

    Mila

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  19. Siempre nos damos cuenta demasiado tarde. Un precioso relato.

    Un beso

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  20. Muchas gracias, Ana. Es un gran placer para mí verte por aquí.

    Un beso.

    Mila

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