martes, 4 de septiembre de 2012

JÁVEA, VERANO 2012

Si pensar en vacaciones es sinónimo de bienestar, el regreso a la cotidianidad no tiene por qué ser lo contrario a esa antesala estival. Después de todo, lo que precede a cualquier instante siempre conlleva una carga de emociones en forma de incógnita. En fin, me dejaré de reflexiones e iré al grano. Acabo de regresar de Jávea –para quien nunca ha estado allí, un bello lugar del Mediterráneo situado en la provincia de Alicante, entre el Cabo de la Nao y el Cabo de San Antonio–. En esa tierra idílica veraneo desde que era una adolescente coqueta, alocada, alegre, jaranera y pensadora, muy pensadora. Lo curioso del caso, o al menos a mí me lo parece, es que a día de hoy, cuando tengo en mi haber más años que la orilla del río, sigo devanándome los sesos con tanto pensamiento circulando por mi mente. Ayer, sin ir más lejos, mientras tomaba los últimos rayos de sol de la temporada tumbada sobre la arena de la playa, pensaba en el pasado, en el presente y en el futuro. Para mi primer pensamiento recurrí, como no podría ser de otra manera, al registro de mi memoria; comencé a rebuscar entre aquel tiempo de rosas sin espinas y ¡ZAS! allí estaba yo, echada por primera vez en esa arena fina y dorada de mi querida Jávea, luciendo bikini en tonos verdosos. El color verde siempre me ha sentado de cine, y –modesta que es una– no de terror precisamente. Ceñía mi cintura una especie de pañuelo-pareo a juego con las prendas de baño; las uñas de píes y manos debidamente arregladas y un bolso de playa coqueto y en colores vivos que me había comprado para la ocasión. Y es que una no proviene de alta cuna pero tampoco pertenece a la baja cama, que entre lo alto y lo bajo siempre ha existido un término medio. Fascinada, observo el glamour de la gente lindante a mi toalla y el infinito del mar con su color azul. Después me situé en mi tiempo: la misma playa, la misma arena y el mismo corazón latiendo dentro de mí. Sin embargo, observo con pena y añoranza a mis vecinos circunstanciales del momento: una familia de más de doce personas invadiendo una parte importante del territorio playero. Todos ellos formando una tropa con campamento incluido: sombrillas, sillas, mesas, neveras horteras, bocadillos de salchichón y bolsas de supermercado. Lo de las bolsas de plástico me supera, y entre mis pensamientos, que no descansan ni un segundo, me pregunto dónde se habría quedado el glamour de aquel tiempo de rosas y no encuentro respuesta. Imagino las cenizas de algunas personas de aquella época haciendo piña y removiéndose en los recovecos de alguna roca solitaria o quizá navegando por este mar, que sin ellas, ya no me parece tan azul. Obstinada en mi empeño de seguir pensando he llegado hasta un tiempo que aún no conozco: Sigo fiel a mi Jávea adorada. Estoy sentada en una cómoda silla de playa y me protejo del sol con una sombrilla. Desconcertada me miro las manos y no las reconozco, las venas se muestran abultadas y toda la piel está recubierta de manchas. Los muslos presentan la flacidez de la ancianidad y en los senos aprecio una ligera reminiscencia del recuerdo de dos pechos erectos y prominentes. No uso bikini, mi cuerpo envejecido lo cubro parcialmente con un bañador de color verde. Miro con entusiasmo el trasiego de las olas, un cielo amenazante de tormenta y el azul del agua. Dos lágrimas de felicidad aparecen en estos ojos agotados por el viaje de la vida y las veo desaparecer entre las primeras gotas de lluvia. Me pregunto, ¿qué es la vida? Y mi respuesta es inmediata: dos ventanas desde donde se ven pasar las horas, las alegres y las que nos matan de dolor; un cóctel de sensaciones que nos engancha a ella sin conciencia ni límites. Sonrío mientras dirijo mi mirada hacia el horizonte y pienso en los versos de William Wordsworth: Aunque mis ojos ya no puedan ver ese puro destello que en mi juventud me deslumbraba, aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor en la hierba, de la gloria en las flores, no hay que afligirse, porque la belleza siempre subsiste en el recuerdo.

11 comentarios:

  1. Tú siempre serás bella, Mila y siempre lo has sido. En el más amplio sentido de la palabra.

    Un abrazo, amiga.

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  2. Muchas gracias por tan bonitas palabras, Carmen.

    Un besito.

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  3. “lo que precede a cualquier instante siempre conlleva una carga de emociones en forma de incógnita.”

    Y qué cierto, Mila. Fíjate yo llegué al blog con la alegría del rencuentro, pero sin saber qué me contarías, y me he encontrado un bello texto. Un pasaje que es mucho más que una estampa veraniega. Qué jamás perdamos esa capacidad de sorpresa, ¿verdad? Es lo que le da importancia a las pequeñas cosas de la vida, a los instantes cotidianos, que muchas veces no valoramos, pero que son imprescindibles en nuestro sustento.

    Gracias por emocionarme, por dejarme acompañar en tus reflexiones… Por muchas cosas, mi querida soñadora. Te echaba mucho de menos.

    Besos y abrazos.

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    1. Gracias a ti, Mari Carmen, por ser tan generosa y buena compañera.

      Un besito.

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  4. Si es que eres única volcando sentimiento en la palabra!.

    Te dejarás abrazar por mí "en Libertad" el próximo Jueves?.

    Un besazo.

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  5. Muchas gracias, Manuel

    Haré todo lo posible por acercarme hasta allí y daros un abrazo, pero no podré quedarme porque, ese día, tengo una cena de cumpleaños.

    Un besito.

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  6. Mila, cómo eres. Me has encogido un poco el corazón y sin embargo, mira tú por donde, han dejado de molestarme unas arrugas que el espejo se empeña en mostrarme cada mañana. He visto que el tiempo pasa para todo: para los hábitos, para el mar, para los sentimientos, para los recuerdos, para la moda... También he visto entre tus verdes los zapatos del primer cuento que compartiste. He seguido sus pasos y me han llevado al escenario donde se representa la vida de mañana, con más decadencia, más achaques, más arrugas... Por eso hoy estoy contento.

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  7. Respuestas
    1. Si, Alejandro, el color verde tiene gran significado en mi vida. Sobre todo el de los primeros zapatos de tacón que calce - En el relato que mencionas hay más realidad que fantasía -. Mi segunda novela, que estoy a punto de acabar, se llamará "El Guante verde"... Y es que ese color tiene muchas tonalidades.

      Gracias por tu comentario.

      Un abrazo.

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  8. Mi querida Brigitte Bardot...

    ...Así, espontánea, realista, pensadora, niña y mujer de gran corazón. Así quiero seguir viéndote.

    Lamento no haberte visitado antes pero estoy entronada en escayola.
    En cuanto pueda andar espero verte pronto en algún acto que podamos coincidir.

    Aprovecho para saludar a las Cármenes al Manuel, y como no, al Rey de las Rubias.

    Gracias por brindarnos este relato tan vivo.
    Besos sentidos,
    Cris.


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  9. Muchas gracias, Cris. Eres muy amable bautizándome con el nombre de esa bellísima actriz. Te deseo una pronta mejoría y que sigas creando belleza en tus escritos.

    Un besito,
    Mila

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